Al llegar a la avenida Altamirano, percibimos que es un lugar altamente frecuentado, sin embargo la gente pasa, nadie se percata de los hechos que pueden ocurrir en ésa avenida, la idea es plasmar una de tantas historias que pueden ocurrir. Allí la sensación es de estar con todos y a la vez nadie, a tal grado que si uno se paráse en medio de la vereda, no pasa de ser más que un obstáculo, que la gente esquivará para proseguir con su camino, es por ello que en nuestra historia ocurre cierto detenimiento que dá paso a la contemplación, esa magia que hace que el estudiante divague en su trabajo para contemplar a la mujer; terminando con la fusión de dos cuerpos simbolizados en las manos.
Hay un juego entre lo creíble que sería la realidad y lo inesperado (fuera de lo cotidiano).
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