En "el hombre y la cámara" (Griffith), se puede apreciar un montaje de imágenes yuxtapuestas que dan una realidad de un estilo surrealista, porque se apega a la realidad con ciertas tomas "distorcionadas", que alterando la posición cambia la idea, son tomas diversas enfocadas en lo mismo.
Al contrario en "el acorazado Potemkín" (Einsestein), se encuentra un montaje totalmente secuencial, donde la historia se entiende completamente y las imágenes tienen cierto orden que precisan el sentido que quiere el director para el relato. Necesitan un orden los planos.
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